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       Extracto de una carta de John Thomas

           (9 de Febrero de 1865)

                                                               “Neutrales y Enemigos”

 

   “El que no está conmigo, contra mí está; y el que conmigo no recoge, desparrama”

                                                                              (Mateo 12:30)

 

“En el desempeño del deber común para todos los fieles, no espero ser atacado. Si nadie va conmigo al asalto, voy solo, con la determinación de diezmarlos o ser demolido en el intento; en lo cual, sin embargo, no espero tener éxito, porque “los santos son vencidos hasta que venga el anciano de Días”. ¿Por qué, entonces, esforzarse por en un fracaso esperado? Para obedecer el mandato, y poner a prueba mi propia fe.

 

En esta guerra espiritual, cuyas armos no son de plomo ni de acero, pero más efectivas que cualquiera de las dos para combatir a los extraños, no hay ni tregua, armisticio, neutralidad ni paz. El que no está con nosotros, está contra nosotros; y el que no recoge con nosotros, desparrama. Yo, por ejemplo, no conozco a nadie en esta guerra como un hermano y amigo que sea neutral o que no esté recogiendo. Un hombre que es neutral se queda sin hacer nada cruzado de brazos ¡mientras ve al enemigo aplastándome hasta matarme! Él cree en la causa por la que yo estoy luchando, pero tranquilamente contempla mi destrucción  sin hacer ninguna señal de querer ayudarme.

 

¿Es semejante hombre mi amigo y hermano? ¿No es más bien un simpatizante del enemigo? Si él me ayudara, podríamos ser demasiado fuertes para el enemigo; sabiendo esto, el enemigo no puede considerar a los neutrales de ninguna otra manera más que como sus amigos. Y esto es precisamente donde Cristo pone a todos los neutrales en la buena batalla de la fe.

 

Pero, si esta es la posición de los neutrales, qué puede decirse de aquellos que o se oponen o anulan lo que nosotros creemos que es la verdad? No sólo eso, sino que procuran destruir la influencia de aquellos que la tienen, mientras que ellos no eran más que paganos, probados por medio del mal y por buena reputación y por medio de una buena reputación, y cuando tenía pocos que dijeran algo bueno de ella, sus fieles defensores, ¿qué se dirá de ellos?

 

Ellos pueden virtualmente consentir en la teoría de la verdad, pero, ¿podemos llamarlos amigos y hermanos? ¿Son ellos hermanos de Cristo? ¿Cómo pueden serlo, en vista de que Cristo es la verdad? Si ellos fueran hermanos de Cristo, amarían a los fervientes y desinteresados defensores de la verdad, y tendrían cuidado de no hacer nada que los perturbara.

 

¿Puedo llamar amigos y hermanos míos a semejantes enemigos de Cristo? Les digo a ustedes que no; no quiero tener nada que ver con ellos, si llego a saberlo. Ellos son mis enemigos y es deber hacerles la guerra… No tengo simpatía por expresiones y defensas vacilantes acerca  de la verdad. No le hace bien al que las profesa, ni a aquellos que lo apoyan ni a los que moran en las tinieblas de afuera. “El mundo entero yace en poder del inicuo” – en el pecado; y la única excepción a esto son los creyentes genuinos de la verdad que creemos, enseñamos y hemos obedecido; y andamos como niños pequeños en ella.

 

Si somos estas excepciones bíblicas, no tenemos nada que hacer excepto mantenernos alejados de este mundo perverso y testificar contra todas las tradiciones que intentan sustituir a la verdad, o por la cuales intentan invalidarla. Los mayores y más peligrosos enemigos de Cristo son aquellos que pretenden ser sus amigos, pero que no son fieles a su doctrina; y son infieles los que por cualquier motivo de interés personal debilitarían la esencia de la doctrina, o la suavizarían  para la gratificación de sus sentimientos naturales, o por temor de herir los sentimientos del enemigo, y afectando así la popularidad de ellos ante él”.

 

‘The Ambassador of the Coming Age’, abril 1865, pp. 155-156.

 

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