LAS ENSEÑANZAS DEL MORMONISMO EXAMINADAS

A LA LUZ DE LA BIBLIA Y DE LA HISTORIA

 

                                                         Mormonismo (13) La "Trinidad" Mormona

 

 

     El 'Credo de Atanasio', considerado por la Iglesia Católica Romana, así como por otras denominaciones 'cristianas', como una declaración autorizada acerca de lo que es el dogma de la "trinidad", dice en parte:

 

"Adoramos a un Dios en Trinidad y Trinidad en unidad, ni confundiendo las personas, ni dividiendo la sustancia [...]. Así el Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios; sin embargo, no hay tres Dioses, sino un solo Dios".

 

     Esta confusa declaración fue redactada por hombres sin inspiración divina, a instancias del emperador romano Constantino. Éste es uno de los casos en que la cristiandad enseña "como doctrinas, mandamientos de hombres" (Mateo 15:7-9).

 

   En una clara alusión al 'Credo de Atanasio', José Smith comentó:

 

"Muchos hombres dicen que [...] el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son solamente un Dios. ¡Pues, qué Dios tan extraño--digo yo--; tres en uno, y uno en tres! ¡Qué organización tan peregrina! [...]. Sería un Dios inmensamente grande, un gigante, o un monstruo" ("Enseñanzas del Profeta José Smith", p. 463).

 

     A pesar de este comentario sarcástico de Smith, el Libro de Mormón contiene precisamente la misma enseñanza acerca de ese "Dios tan extraño", compuesto de "tres en uno, y uno en tres":

 

"Esta es la doctrina de Cristo, y la única y verdadera doctrina del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, que son un Dios, sin fin. Amén" (2 Nefi 31:21).

 

"Y serán llevados a comparecer ante el tribunal de Cristo el Hijo, y Dios el Padre, y el Santo Espíritu, que son un Eterno Dios" (Alma 11:44).

 

"Y sea la honra al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, que son un Dios. Amén" (El Testimonio de los Tres Testigos).

 

     Incluso, Doctrina y Convenios también enseña que el "Padre, Hijo y Espíritu Santo, son un Dios, infinito y eterno, sin fin. Amén" (D. y C. 20:28).

 

     Más aún, el Libro de Mormón habla de una visita del Padre y del Hijo al "hermano de Jared", pero el relato no se está refiriendo a dos personajes separados. Aparece un solo personaje, el cual dice: "He aquí, yo soy el que fue preparado desde la fundación del mundo para redimir a mi pueblo, he aquí, soy Jesucristo, soy el Padre y el Hijo. En mí todo el género humano tendrá vida" (Éter 3:14).

 

     No obstante, contradiciendo a sus propios libros canónicos, Smith declaró:

 

"Jesucristo es un personaje aparte y distinto de Dios el Padre, y que el Espíritu Santo es otro personaje distinto, y es Espíritu; y estos tres constituyen tres personajes distintos y tres Dioses" ("Enseñanzas del Profeta José Smith", p. 460).

 

Dios el Padre Eterno. Contrario a toda esta jerga acerca de un Dios Triple, o de tres o más Dioses distintos y separados, la Biblia enseña la sublime verdad de que existe un solo Dios, el Padre Eterno; y aparte de él no hay ningún otro Dios. A la nación de Israel se le dijo:

 

"Oye, Israel: Yahvéh nuestro Dios, Yahvéh uno es" (Deuteronomio 6:4; Marcos 12:29).

 

"Antes de mí no fue formado Dios ni lo será después de mí [...]. Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios [...]. Yo soy Yahvéh y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí" (Isaías 43:10; 44:6; 45:5).

 

Y el apóstol Pablo enseñó:

 

"Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1 Timoteo 2:5).

 

Jesucristo. Jesús inició su existencia cuando nació de la virgen María en Belén de Judea, y fue "Hijo del Altísimo" (Lucas 1:31), no de José. Y había de ser llamado "Hijo de Dios" (Lucas 1:35). Sin embargo, tanto mormones como 'cristianos' lo llaman 'Dios el Hijo'. Aunque ellos enseñan que el Padre y Jesucristo son la primera y la segunda persona de la "trinidad" respectivamente, y que ambos son coiguales, Jesucristo mismo afirmó que "el Padre mayor es que yo" (Juan 14:28). Y el apóstol enseñó que "el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas [es decir, Dios el Padre]" (1 Corintios 15:28). ¿Puede la 'segunda persona' de la "trinidad" estar sujeta a la 'primera persona', cuando se enseña que ambos son coiguales?

 

El Espíritu Santo. El cristianismo popular y el mormonismo enseñan que "el Espíritu Santo es el tercer miembro de la Trinidad. Es un personaje de espíritu, una persona espiritual, un hombre espiritual, una entidad espiritual" (Bruce R. McConkie, "Mormon Doctrine", p. 359). Contradictoriamente, otro teólogo mormón afirma que "no puede existir un 'ser inmaterial' [...]; un cuerpo inmaterial no puede existir" (James E. Talmage, "Los Artículos de Fe", pp. 47, 53).

 

     Aunque mormones y 'cristianos' creen que el Espíritu Santo es la tercera persona de la "trinidad", la Biblia no enseña tal cosa. Ni el término 'trinidad' ni el concepto que representa pueden encontrarse en la Escritura. En cambio, hay varias referencias que indican que el Espíritu Santo es el poder de Dios (Lucas 1:35; Génesis 1:2, 3; 2 Samuel 23:2; 2 Pedro 1:21). Por ejemplo, las Escrituras enseñan que en el principio "Dios creó el cielo y la tierra", y que "el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas". No dice que la obra de la creación haya sido efectuada por Dios el Padre y un inexistente 'Dios el Espíritu Santo'. Dice que Dios fue el Creador. "El Espíritu de Dios que se movía sobre la faz de las aguas" es el poder de Dios por medio del cual se llevó a cabo la creación de todas las cosas. Ese poder divino se conoce en las Escrituras como el 'Espíritu Santo'. Dios confirió este poder a los ángeles, quienes fueron los que literalmente ejecutaron la obra, bajo su dirección. Los profetas Jeremías y David entendieron que la creación fue efectuada por Dios por medio del poder descrito como el 'Espíritu de Dios':

 

"Yo hice la tierra, al hombre y las bestias que están sobre la faz de la tierra, con mi gran poder [...]. Él es el que hizo la tierra con su poder" (Jeremías 27:5; 51:15). 

"Por la palabra de Yahvéh fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento [Heb. 'ruach' = espíritu] de su boca" (Salmos 33:6).

 

 

 

    

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